26 Jul Familia de Ryu
Llevaba siguiendo unos meses a “la mirada felina” y sus casos, cuando vi la publicación de un gato blanco, delgado, sucio y castrado que recientemente había sido abandonado. A lo largo del tiempo que había seguido a “la mirada felina”, me había parecido que detrás había una persona que, de verdad, ayudaba a los más olvidados con el único objetivo de salvarlos. Diariamente informaba sobre la evolución de los gatitos que tuviera a su cargo y difundía sobre acogidas o adopciones.
Tardé 3 semanas en ofrecerme ya que anteriormente me habían rechazado en dos casos al tener solo un cuarto de baño disponible, pero los ojos tristes de Ryu mirando a través de un portal me hicieron decidirme.
Rocío me preguntó las condiciones y el tiempo disponible. Mandé fotos y vídeo del baño por si no le parecía adecuado para una cuarentena, pues yo no tenía ni idea. También se interesó por mi gata, Mía, hija única desde hacía 10 años y con pocas habilidades sociales. Me comentó que, en primer lugar, el gato tendría que pasar por el veterinario y, después, hacer cuarentena. Me explicó el tema cuarentena, posibles enfermedades y limpieza para evitar posibles contagios, si hubiera, entre mi gata y él, ya que yo era absolutamente novata en todo.
Casi todos los días hablábamos sobre cómo iba Ryu, física y psicológicamente, fotos, vídeos, Mía… También hablamos sobre una posible adopción y los requisitos que debe cumplir toda casa y persona que adopte un gato.
Para ponernos de acuerdo en las revisiones veterinarias, no hubo ningún problema. Si Rocío no podía, hablaba con sus compañeros y alguno iba contigo. Durante el tiempo de acogida, “la mirada felina” corre con todos los gastos relacionados con el gatito. Si bien, en el caso de Ryu yo me ofrecí a pagar la arena y comida porque me parece una forma de ayudar también a “la mirada felina” y una forma de ayudar a otros posibles rescates.
Una vez superada la cuarentena de Ryu, le dejé salir a la habitación (mi casa es pequeña, solo tiene 4 estancias y había que distribuirlas entre Ryu y Mía). Poco a poco, comencé a juntar a mi gata con Ryu y recuerdo escribir cada dos por tres a Rocío porque mi gata siempre estaba enfadada o bufaba… Ella me iba aconsejando y me pidió vídeos para enviárselos a una compañera, terapeuta felina, que asesora a “la mirada felina” en esos temas.
Cuando me decidí a adoptar a Ryu, Rocío también me ayudó a buscar cómo proteger las ventanas ya que la protección clásica no servía por el tipo de ventana de mi piso. Una vez puestas, Rocío se pasó a verificar que las ventanas eran seguras y firmamos por fin el contrato de adopción. En ese momento, es cuando lo único que pagas son los gatos veterinarios. En el caso de Ryu, como ya estaba castrado, solo quedaban las vacunas y pipetas.
No obstante, Rocío y yo seguimos en contacto, yo le mando fotos o vídeos, tanto de Ryu como de Mía como de los dos, y ella pregunta por Ryu, por Mía y por la relación o no relación entre ambos (que depende de cada día y del momento del día, jajaja)
Por lo que veo por Instagram, Rocío sigue con su objetivo de salvar a los más desfavorecidos, ayudando a cada uno de los gatos que se cruzan en su vida en todos los niveles posibles. Sigue buscando casas de acogida, casas de adopción y colaboradores/as, luchando incansable por las vidas de quienes pasan desapercibidos a los ojos de muchas personas.